Fotos: Baldo Robles
* El Tercer Paseo Nocturno en Bicicleta dejó en claro que con un poco de tolerancia y cultura sí se puede convivir

¿Y cómo es Oaxaca?, pregunta a través de su megáfono Rubén, el líder del grupo; “Más bonita en bicicleta”, responden al unísono los cerca de 200 asistentes que acudieron al Tercer Paseo Nocturno en Bicicleta organizado por Mundo Ceiba A.C., que partió de la explanada de la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, pasadas las 21 horas.Poco a poco la explanada se fue llenando, niños, jóvenes y adultos no se quisieron perder esta saludable y grata experiencia, la buena vibra imperaba entre los asistentes, quienes entre chiflidos, timbres y gritos fueron transmitiendo la emoción de la noche, de recorrer el centro de Oaxaca en bicicleta.
21 horas. Rubén García Andrés, fundador de Mundo Ceiba, comienza a dar las instrucciones: “No se trata de una competencia, esto es un paseo y por lo tanto nos iremos despacio, pegados al carril derecho, sin rebasar y respetaremos los semáforos”. Así como manejar en coche tiene sus reglas, andar en bicicleta también. “Y recuerden, no se vale rebasarme”, enfatiza el también director de la asociación civil que busca activar la participación ciudadana para la solución a los problemas socio-ambientales. Leídas las reglas, 15 minutos después empezó a andar el contingente. La algarabía no se hizo esperar cuando emprendieron la marcha por García Vigil. “Tooodos a la derecha”, se escuchaba a lo lejos, y pronto el grito se fue dispersando hasta llegar a oídos de los que se iban quedando atrás.
En las esquinas, el equipo de voluntarios de Mundo Ceiba se encargaba de parar la circulación. Los peatones y coches que transitaban no dejaban de mostrar sorpresa; su primera reacción era de miedo, trataban de adivinar de qué manifestación se trataba; luego, se asombraban para después reír ante los gritos y chiflidos de los que iban en bicicleta. “Y cómo suena la bicicleta”, pregunta Rubén; “Ahuuuuuuuuuu”, contesta el resto emulando el aullido de los lobos.
Pronto, en menos de 5 minutos, el grupo ya se encontraba por Morelos; los mayores no podían evitar admirar la belleza de la Catedral, que a veces por lo ensimismados que van en sus coches no se dan cuenta de nada.
A lo lejos ya se veía la calle División Oriente, los nervios en las personas eran visibles; desde la punta se pedía que bajaran la velocidad pues se trataba de una vía rápida.
El ruido de los camiones, los cláxones y los ladridos de los perros hicieron del paseo uno de los momentos más excitantes. Los coches iban cediendo, primero se rehusaban a dar el paso a los ciclistas, pero después entendían y se relajaban en espera que pasara el contingente. “Un pinche bache”, exclama un niño de 9 años, que estuvo a punto de caer en él, de no haber sido que reaccionó a tiempo. “Qué suerte que ya no es bajada”, le dice un pequeño de 8 años a su mamá para animarla después de la pronunciada bajada. La señora, como de 45 años, desde que inició el recorrido hasta casi llegar al final corrió tras de su hijo para protegerlo.
Antes de dar vuelta en la Iglesia del ex Marquesado, el semáforo tocó en rojo. “Aaaaaaaaalto”, pedía Rubén desde el megáfono, la voz se fue corriendo, pues los que se iban quedando rezagados, difícilmente se enteraban de lo que pasaba. Ahí una señora aprovechó para contestar una llamada desde su celular; otros aprovechaban para tomar aire, pues otro trayecto difícil se aproximaba.
Los camiones de la Calzada Madero mostraban su furia. “Arriba el futbol”, gritaron unos señores que se echaban una cascarita en el Jardín Madero; “Arriba los Pumas”, exclamó un paseante, por lo que se hizo merecedor de varios abucheos. “¿Ya se cansaron?”, resuena el megáfono; “Nooooooo”, responden todos todavía con harta energía. El recorrido ya iba casi a la mitad y los ánimos no paraban. “Arriba la bici”, gritaba Rubén; “Uhhhhhhh”, respondían todos los que le seguían. “Más rápido en la punta, esto es peligroso”, alzaba la voz una gringa ante el miedo de chocar con los que venían delante de ella. “Rápido… rápido… rápido”, exclamaban algunos ya entrados en velocidad.
Ya en J. P García, el olor a fritangas despertaba el hambre de los asistentes. “Arriba la bici”, gritaban; “Arriba los tacos”, contestaban otros. “¿Y cómo es Oaxaca?”, pregunta el director de la asociación civil; “Lleno de tacos”, responden algunos que no dejaban de salivar.
Minutos después, la oscuridad de la calle Nuño del Mercado evocaba una escena de terror espeluznante; soledad y abandono alumbrada por la única luz roja que había: la de las bicicletas. En la esquina, un par de payasitos apareció de repente: “Cuidado con el hoyo”, replicaron con risas morbosas. Después de un rato, la tranquilidad volvió a resurgir.
Ya en el Zócalo, algunos de los que reposaban tomando café o cerveza en los portales, movían su cabeza mostrando su desaprobación. El contingente, como retándoles, gritaba más fuerte: “¿Y cómo es Oaxaca?; más bonito en bicicleta”.
La meta desde el principio era clara, llegar al Museo de Filatelia de Oaxaca para un convivio final. Ahí el agua de jamaica y las cervezas eran el objetivo del grupo que aguantó, entre gritos, alegría y mucha adrenalina, una hora de paseo en su bicicleta.
Esta noche, la noche del Tercer Paseo Nocturno en Bicicleta, dejó varias cosas muy claras: que con un poco de tolerancia y cultura, coches, bicicletas y peatones sí pueden convivir en armonía, que urge que el gobierno habilite vías alternas y, sobre todo, que Oaxaca es mucho más bonito en bicicleta.






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